El tipo de interés no es el precio del dinero

Fernando Sicilia Felechosa
Máster en Dirección Económico-Financiera por el CEF.-
Miembro de la ACEF.- UDIMA


Denis Ismagilov. 123rf

En la Universidad Carlos III de Madrid tuve la suerte de tener como profesor de Sistema Financiero Español a un veterano inspector del Banco de España. Tenía un profundo conocimiento del sector y una enorme facilidad para hacer divertida una materia bastante densa. Solía decir refiriéndose a la prensa salmón que siempre que viéramos a algún periodista llamar precio del dinero a los tipos de interés, podíamos tener la seguridad de estar ante alguien lego en materia económica.

No soy tan radical en mis planteamientos, ya que comprendo que el día a día, provoca el uso de expresiones que se contagian y utilizamos por inercia, casi sin pensar. Pero no cabe duda de que, en el fondo, el viejo maestro tenía razón.

Busquemos un ejemplo muy sencillo, o utilizando una expresión futbolística que un gran amigo emplea a menudo, pongámosla “cortita y al pie”.

Para comprar una vivienda, para que pase a ser de nuestra propiedad, pagamos su precio. Sin embargo, si queremos utilizarla sin que haya transferencia de propiedad, la alquilamos. Abonamos un importe, el de alquiler, mucho más reducido, por el uso y disfrute del inmueble durante el plazo fijado en el contrato. Pero, a vencimiento del mismo, estamos obligados a devolver la casa a su legítimo propietario.

Por analogía, el banco nos presta el dinero pero espera recuperarlo al final del contrato de préstamo. Por tanto, el tipo de interés no está determinando el precio del capital, sino cuánto vale la renuncia al mismo por parte de su propietario en un determinado horizonte temporal.

Porque eso es exactamente el tipo de interés: el precio del tiempo. Como muy bien nos han enseñado en el excelente Máster en Dirección Económico– Financiera del CEF.- UDIMA, las finanzas consisten en trasladar el dinero a lo largo del tiempo. Así, mediante las técnicas de capitalización y actualización lo que hacemos es mover capitales adelante y atrás en el plano temporal.

Todo precio implica una renuncia. En este caso, el ahorrador deja de disfrutar del dinero hoy a cambio de obtener una cantidad superior mañana. Prestamista y prestatario se intercambian dinero en distintos momentos del tiempo, mercadean el presente por el futuro.

Mediante las técnicas de capitalización y actualización lo que hacemos es mover capitales adelante y atrás en el plano temporal

Por lo general el tipo de interés es positivo. Es lógico, ya que en condiciones normales, se valora siempre más el hoy que el mañana. Por eso, el ahorrador exige un monto más alto por trasladar el dinero al futuro.

Ese precio representa por tanto la preferencia temporal de los individuos, sin la cual no habría tipos de interés. Aunque evidentemente sobre la determinación de los tipos de interés influyen otras variables.

En primer lugar la prima de riesgo, es decir, la posibilidad de que ese viaje del dinero en el tiempo no acabe de forma satisfactoria. Sería el riesgo de crédito, la contingencia de que a vencimiento no nos devuelvan el capital prestado o no se recupere el importe invertido.

También hay que tener en cuenta la opción de que el prestatario pueda recupera a voluntad o no el dinero en el tiempo, o dicho de otro modo, la liquidez de la operación. Por lo general, productos más líquidos implican tipos más bajos.

Por último, no se puede desdeñar el efecto de la manipulación crediticia por parte de los Estados por medio de sus políticas monetaria, fiscal y cambiaria. Buena prueba de ello son los tipos de interés negativos que hemos visto en los últimos tiempos.

Alguno encontrará esta exposición meramente conceptual. Pero considero que en unos tiempos en los que se prostituye el lenguaje de forma continua, conviene llamar a las cosas por su nombre.

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