¿Es posible un turismo sostenible?

REPORTAJE

Juan J. Añó
Miembro de la ACEF.- UDIMA

¿Es posible un turismo sostenible
Natalia Bielous. 123rf

A partir de los años 60 del pasado siglo tuvo lugar un fenómeno que iba a marcar de forma indeleble el desarrollo de nuestro país. Se iniciaba el llamado “milagro turístico” español que significó no solo una apertura de nuestra economía sino que influyó de notablemente en la aceptación de nuevas costumbres y formas en la vida cotidiana. No hace falta repasar lo que el turismo ha supuesto para España cuando a día de hoy seguimos recibiendo gran número de personas que eligen nuestro país para sus vacaciones. En 2015 España ocupó el tercer puesto en el ranking mundial de turistas recibidos, con más de 65 millones de personas y fue la segunda en cuanto a ingresos por la actividad turística. Sin embargo hay que constatar que el boom turístico español ha tenido y tiene sus luces y sombras.

Son muchas las voces que a nivel global reclaman un replanteamiento de las políticas turísticas en aras a una mayor sostenibilidad. Máxime cuando en la actualidad el turismo ha ampliado su espectro por las mayores facilidades de desplazamiento (líneas aéreas low cost,), acceso a nuevas formas de alojamiento y gestión de los viajes a través de las nuevas tecnologías.

Pero ¿qué se entiende por “turismo sostenible”? La Organización Mundial del Turismo lo define como “El turismo que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”. Son pocas palabras pero engloban múltiples ámbitos a tener en cuenta.

Es casi imposible detallar aquí todos esos ámbitos que no solo abarcan la afectación ambiental, sino que incluyen otros, muy importantes, como la economía, la preservación del patrimonio cultural, prevenir la masificación, entre muchos otros. Un interesante documento, la Carta Mundial del Turismo Sostenible, señala la preocupación por los efectos negativos del desarrollo turístico, y marca una serie de pautas a seguir.

Con relación a la necesidad de la sostenibilidad turística podemos citar el ejemplo de Venecia, que con una población de 350.000 habitantes recibió en 2015 más de 33 millones de turistas. Por parte de partidos políticos y asociaciones ciudadanas se está demandando una regulación ya que la vida cotidiana se hace muy complicada para los residentes, especialmente en los meses de verano; se ha llegado a invitar a los visitantes a que consuman agua de las fuentes por la gran cantidad de envases plásticos que se generan. Incluso la UNESCO se plantea prohibir la llegada de grandes cruceros a la ciudad por el grave deterioro que se está produciendo en la ciudad.

Esto evidencia que en materia de turismo se puede “morir de éxito”. Y en nuestro país no nos quedamos atrás si pensamos en las zonas costeras, principalmente mediterráneas, sometidas durante decenios a una brutal explotación urbanística que hace difícil encontrar lugares en los que la piqueta no haya hecho estragos. Basta comprobar cómo en episodios climáticos extremos, con lluvias abundantes, tan frecuentes en la ribera mediterránea, desaparecen playas y son destruidos por  el mar paseos marítimos que se reconstruyen una y otra vez.

Venecia, con una población de 350.000 habitantes recibió en 2015 más de 33 millones de turistas

Pero en una visión sostenible existen también otro tipo de directrices para conseguir sus objetivos. Uno de ellos, señalado reiteradamente por los especialistas, es lo que la anteriormente citada Carta Mundial señala como una de las medidas más deseables: “Adoptar las medidas necesarias para maximizar los beneficios económicos del turismo para la comunidad de acogida y crear vínculos fuertes con la economía local del destino y otras actividades económicas del entorno”.

Sin embargo y en relación con lo anterior causan cierta sorpresa los datos recogidos en un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicado en marzo de este mismo año y que se enmarca dentro de un proyecto de la UE, Urban Audit.  Este proyecto recoge información sobre las condiciones de vida en las ciudades de la Unión Europea. En dicho informe del INE comprobamos que en el apartado “Renta neta media anual de los hogares” aparecen entre los 15 con menor renta municipios españoles de gran raigambre turística. Son los casos de Torrevieja (que ocupa el último lugar), pero entre ellos destacan también Marbella, Fuengirola, Gandía, Benidorm, Torremolinos, Sanlúcar de Barrameda, entre otros. A  ello hay que añadir unas tasas de paro que sobrepasan en su mayoría, y mucho, la media nacional llegando en un caso a alcanzar el 42,3%. Se observa que una gran parte de ellos son representantes genuinos del  llamado turismo de “sol y playa”.

Estos datos nos enfrentan a la cuestión de si habría que replantearse este modelo turístico, que atrae a millones de personas al año, para conseguir que la riqueza generada se distribuya más equitativamente y al mismo tiempo para evitar el desgaste  a nivel ecológico y social que la masificación comporta. Máxime cuando aparecen otros lugares que pretenden competir por el mismo mercado.

A nadie se le oculta que el mercado de trabajo de este tipo de lugares turísticos es temporal, volátil y, lo que es peor, precario. En este aspecto son reveladoras las manifestaciones de Antonio Catalán, presidente de AC Hotels by Marriott en el marco del Foro Global Sur celebrado en Valencia. En ellas pone en solfa y denuncia las malas prácticas laborales en su sector y carga contra la reforma laboral de 2012 que en su opinión las ha favorecido. Aseguró en su cadena “todo el mundo es fijo”, incluidas las camareras de piso, un sector de trabajadoras que clama contra unos salarios bajísimos y dudosas prácticas de las empresas. También reclamó que son los empresarios los que tienen la responsabilidad de generar “más y mejor empleo”.

¿Es posible un turismo sostenible?
Balnearios.org

No hay que pensar que cualquier actividad turística relacionada con la naturaleza es turismo sostenible, también ella puede resultar afectada por la acción del hombre. La sostenibilidad, como hemos visto,  engloba un conglomerado de ámbitos en los que la acción humana puede intervenir. Así, en la edición de FITUR GREEN 2016 se ha puesto el acento no solo en la responsabilidad de las Administraciones sino también en la de las empresas turísticas.

En España existen ya ejemplos de políticas turísticas sostenibles y poco a poco se va avanzando. Hay diversos espacios certificados por organismos internacionales en Andalucía, Castilla y León, Asturias, entre otros. O por ejemplo, en la Costa Brava, con una iniciativa que intenta unir los atractivos naturales con los culturales y gastronómicos.  

Para la profesora de Turismo de la UDIMA, Olga Martínez Moure,  el turismo de balnearios, se configura como una de las prácticas de turismo más respetuosas y más sostenibles con el medio en nuestro país. Además, es a su vez una tipología turística que ha creado múltiples empleos, tanto directos como indirectos, erigiéndose como un importante yacimiento de trabajo especializado y bien remunerado. En su opinión “La modalidad de turismo balneario debería ser un ejemplo a seguir, puesto que aporta resultados importantes al sector y opera siempre teniendo en cuenta los límites del sistema, esto es, tomando como modelo los parámetros que marca la sostenibilidad”.

Tal vez ejemplos como estos serían lo más indicado para que el sector turístico de nuestro país, tan importante para nuestra economía, se planteara una revisión de sus políticas en todos sus ámbitos de influencia. Con ello evitaríamos el riesgo de matar la gallina de los huevos de oro.

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-So long,Mr. Cohen.

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