La brecha de género en las profesiones científicas

Ramón Oliver
Miembro de la ACEF.- UDIMA

La brecha de género en las profesiones científicas
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Marie Curie, Jane Goodall, Jocelyn Bell o nuestra Margarita Salas. Todas estas extraordinarias mujeres se caracterizan por haber realizado grandes aportaciones a la ciencia. La altura de sus logros, sin embargo, no parece corresponderse con el impacto que su ejemplo ha tenido en las generaciones posteriores, en las que la presencia femenina en profesiones científico-tecnológicas sigue siendo sensiblemente inferior a la de los hombres. Los datos así parecen confirmarlo. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2009, el último año registrado, el porcentaje de doctores investigadores varones en España  era del 56%  del total, frente al 44% de mujeres. En el ámbito concreto de las especialidades científicas y tecnológicas, la diferencia se mantenía (35% del total son hombres, frente a 26% de mujeres), siendo la medicina el único campo en el que los porcentajes se igualaban (10% en ambos géneros), y la tecnología y la ingeniería el que presentaba mayores desigualdades (6% de hombres por únicamente 2% mujeres). Otras fuentes confirman esta tendencia. A nivel estudios superiores, el porcentaje de mujeres que cursan estudios de ingeniería en España está desde hace años estancado en el 30%. Por lo que se refiere a las carreras tecnológicas, solo el 8% de las niñas de 15 años españolas asegura que quiere estudiar Informática, frente al 25% de los niños.

Para Sandra Dema, profesora del departamento de Sociología e integrante del Centro de Investigaciones Feministas de la Universidad de Oviedo, la falta de atractivo de las carreras de tipo tecnológico para las mujeres está vinculada a la tradicional socialización de género.” Si las mujeres no se ven desempeñando ese rol social, difícilmente van a elegir ese camino. Es complicado que una chica quiera estudiar ingeniería si sus compañeras no lo hacen, nadie la orienta hacia esa disciplina, recibe mensajes sociales en contra y, además, intuye que en el futuro va a tener dificultades para su inserción laboral”. Como consecuencia, continúa esta experta, hay pocas mujeres en este tipo de carreras y, en cambio, “una sobrerrepresentación en otras disciplinas de carácter social y humanístico, especialidades a las que la sociedad atribuye menor valor y reconocimiento”.

Las propias universidades no son ajenas a este problema y se han puesto manos a la obra para paliar este déficit. “Faltan mujeres con conocimientos tecnológicos y queremos atraer a esa clase de talento. Si las mujeres no están en igualdad de oportunidades para liderar empresas TIC, la escasez de mujeres en puestos directivos puede consolidarse o crecer”, expone Ana Romero Moreno, profesora del departamento de Ingeniería de Organización en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid. En ese sentido, en un reciente informe sobre I+D realizado por la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido (CERU), esta institución realizaba una serie de recomendaciones destinadas a reducir esa brecha de género. Entre ellas, destacaba el lanzamiento de campañas de concienciación que proporcionen mayor  visibilidad a referentes femeninos en estos campos “para que sirvan de inspiración  a  las  jóvenes”,  mejorar  la  conciliación laboral  o potenciar  programas  de mentores  que ofrezcan a las jóvenes  investigadoras un punto de vista independiente y recomendaciones acerca de su carrera.

TRABAJO EN LA SOMBRA

Según Ana Muñoz, científica y miembro de Españoles Científicos en USA (ECUSA) en Washington DC, existen una serie de complejos heredados que dificultan que más mujeres triunfen en los ámbitos científicos, quedando su papel relegado a un trabajo en la sombra. “Conozco multitud de casos de laboratorios donde la mayoría de los investigadores son mujeres y el investigador jefe es un hombre. Esto es muy habitual,  y en tecnología la tendencia es la misma” ¿Por qué ocurre esto? “Se sigue valorando mucho más la opinión de un hombre que la de una mujer, porque, por norma general, tenemos actitudes muy diferentes ante la vida. Las mujeres van pidiendo permiso y los hombres perdón. Y en ciencia y en tecnología, donde tradicionalmente se pensaba que incluso a nivel cerebral el hombre comprende mejor los conceptos de estas áreas, esta situación se magnifica”, denuncia.

A partir de cierta edad,  la brecha de género en las carreras técnico científicas es más acusada. Su escasez al frente de departamentos de investigación, laboratorios, puestos directivos o, simplemente, liderando proyectos así lo atestigua. La coach científica y fundadora de la web Coach de la Profesional, Aida Baida, cree que detrás de esta realidad hay  barreras socio-culturales profundas, como la dificultad de conciliar vida profesional y personal cuando se elige una especialidad científica. Una dificultad que, lamentablemente, “la mujer sufre en mucho mayor medida que el hombre”, señala. “La actividad científica es muy vocacional, pero también es muy sacrificada y está sometida a mucha presión. No hay horarios, exige publicar continuamente y está a expensas de becas y ayudas para que el profesional pueda seguir desarrollando su trabajo. Al principio lo haces encantada porque es lo que te apasiona, pero después, cuando cumples cierta edad y tienes hijos es más complicado compaginarlo”, agrega. Esta experta reclama mayores medidas que faciliten a la mujer tener una vida “más allá del laboratorio”, sin por ello tener que renunciar a su profesión.

Existen una serie de complejos heredados que dificultan que más mujeres triunfen en los ámbitos científicos

LABOR EDUCATIVA

Los expertos señalan que el cambio de modelo debe empezar en la escuela. Luchar contra los estereotipos es prioritario. En 2010, en el experimento Who's the Scientist?, realizado por el Fermi National Accelerator Laboratory (FERMILAB), organismo dependiente del Departamento de Energía del gobierno de Estados Unidos, se pidió a unos niños de séptimo grado (11-12 años) que explicaran con un dibujo cómo veían ellos la figura de un científico. El experimento se repitió antes y después de que los escolares visitaran las instalaciones de FERMILAB y tuvieran la oportunidad de conocer personalmente a verdaderos científicos y  verlos en acción. Los resultados fueron elocuentes. Solo el 36% de las niñas dibujaron a una mujer científica en el “antes”, un porcentaje que se elevó hasta el 57%  tras la visita. Mientras que los niños dibujaron hombres científicos en el 100% de los casos, tanto antes como después de su paso por el laboratorio.  Ana Romero Moreno cree que es necesario trabajar en la educación secundaria “para que las niñas de tercero o cuarto de la ESO y  bachillerato vean con más interés la rama tecnológica”. Por su parte, Sandra Dema, recomienda que esa labor educativa sea todavía más temprana, ya desde la escuela primara, para “acercar a la niñas a las cuestiones tecnológicas y hacerles entender que ese espacio también es suyo”.

INICIATIVAS PRIVADAS

Desde la empresa privada han surgido en los últimos tiempos interesantes iniciativas para tratar de impulsar la presencia femenina en los ámbitos científico-tecnológicos. La Fundación L’Oreal, en colaboración con la UNESCO, organiza anualmente el certamen For Women in Science, un programa que persigue destacar y estimular la importancia de asegurar una significativa contribución de las mujeres a la ciencia.

Coincidiendo con la celebración en todo el mundo del Girls in ICT Day, el pasado 28 de abril, Microsoft organizó #MakeWhatsNext, un proyecto que supuso la celebración de 43 eventos en 27 países dirigidos a fomentar la vocación tecnológica entre las niñas. En España, tomaron parte en el mismo más de 200 jóvenes estudiantes de ESO, bachillerato y grados universitarios. Durante la jornada, reputadas mujeres tecnólogas compartieron sus experiencias y demostraron que la ciencia y la tecnología “no es solo cosa de hombres”.

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