Brexit, fin del principio o principio del fin

Sección Revista:

José Manuel Aguilar
Asesor contable y fiscal.  Formador en materia fiscal
Master en Tributación y Asesoría Fiscal por el CEF.-

Miembro de la ACEF.- UDIMA

Brexit, fin del principio o principio del fin
Rkirbycom. Rgbstock

El brexit la irremisible salida del Reino Unido de la UE nos está llevando a realizar un análisis profuso de las funestas consecuencias para la economía de la zona que este proceso de desintegración ineludiblemente producirá en los mercados financieros; pero más allá del catastrofismo apocalíptico de algunos, no parece que se esté realizando un verdadero examen introspectivo de Europa que permita dirimir esencialmente y con rigor su razón de ser ¿Realmente existen ciudadanos que tengan la percepción patriótica supranacional de europeos? Estamos realmente en una zona monetaria óptima de integración? ¿Qué es un pueblo sino su gente?

El primer elemento definitorio de zona monetaria óptima es el referente al volumen de comercio de bienes y servicios entre los países integrantes. Antes de la implementación del euro, el volumen de comercio internacional estaba cuantificado en el 15%. La introducción de la moneda única, que en el caso concreto de España fue de curso legal obligatorio a partir del 1 de enero de 2002, supuso según estimaciones macroeconométricas (Baldwin) un crecimiento del 9% aunque no puede atribuirse exclusivamente a la introducción de la moneda única en la medida en que países como el Reino Unido precisamente, conservando su propia moneda nacional, registró tasas de crecimiento cercanas al 7%. En el mejor de los casos podemos cifrar el volumen de comercio intracomunitario en la actualidad en un 25% que no es una cifra con la suficiente envergadura económica para justificar la existencia de una moneda única. Otro rasgo distintivo de excelencia monetaria es la existencia de una verdadera libertad de circulación de factores productivos. Sobre este particular no hace falta observar a Europa globalmente considerada, basta echar un vistazo panorámico al reino de taifas en el que se ha convertido España con sus 17 microlegislaciones fiscales, idiomas y culturas para observar toda clase de restricciones efectivas a la libre movilidad de factores, por lo que tampoco va a ser, en puridad, el elemento que nos permita justificar la implementación del euro.

La existencia de shocks macroeconómicos asimétricos en los países miembros, es otra de las características inherentes a las zonas óptimas. En la medida en que las economías presentan unas tasas nominales de interés fijadas por el BCE idénticas para los países integrantes pero evolucionan en el tiempo con tasas de inflación notoriamente dispares, los diferentes tipos reales provocan asimetrías y desequilibrios endémicos en ciertos países que en última instancia se traducen en una mayor dificultad para mantener un crecimiento económico sostenido y  menores tasas de desempleo, esas mayores tasas reales de interés generan de forma inicua, efectos contractivos y prodeflacionistas en las economías escindiendo desequilibrios crónicos y sistémicos en sus balanzas de pagos.

Mientras los euroescépticos apuntalan sus teorías con el brexit, los europeístas enfatizan los efectos perniciosos y mefistofélicos para la economía de la zona

La similitud o analogía entre las diferentes estructuras económicas de los países miembros sería otro factor económicamente relevante a considerar para ultimar la idoneidad del euro. Son muchos los factores de índole histórico, antropológico, cultural y socioeconómico que ponen de manifiesto pingües diferencias estructurales entre las economías del norte más intensivas en capital y mano de obra cualificada y de mayor capacitación profesional con respecto a las economías del sur.

Finalmente, el otro factor que casi podríamos soslayar es el del federalismo fiscal que en Europa ni existe ni se le espera. Incluso observamos que cada vez son mayores los subterfugios y mecanismos parafiscales con los que los países integrantes compiten por localizar empresas y contribuyentes, incurriendo en  estrategias óptimas de tit for tat o toma y daca en teoría de juegos para el dilema del prisionero iterado. En España contamos ya con un amplio elenco de elementos competenciales, tax exit, tax lease, modelo 720 y régimen sancionador previsto en DA 18 LGT y programa BEPS, podrían ser algunos ejemplos; lamentablemente cada vez son mayores las reticencias de los países miembros para ceder soberanía nacional en según qué materias legislativas.

Y así, mientras los euroescépticos apuntalan sus teorías con el brexit, los europeístas enfatizan los efectos perniciosos y mefistofélicos para la economía de la zona. Los que estamos equidistantes en posiciones intermedias, pensamos que hoy por hoy efectivamente el coste marginal de abandonar la zona de forma unilateral es muy elevado y supera con creces los hipotéticos beneficios pero quizás en un futuro no muy lejano deje de ser tan elevado y se convierta en una opción sugerente…También pensamos que Europa puede y debe ser un instrumento eficaz de integración económica para poder competir con mercados como China, los BRICS y USA pero es indemorable una nueva arquitectura, un nuevo concepto de Europa que esté a la altura de las nuevas necesidades, que sea capaz de desarrollar un modelo energético sostenible con el medioambiente, que pueda actuar con la celeridad necesaria para afrontar las amenazas terroristas, que no se ponga de perfil ante el drama humanitario de los refugiados y tantas otras cuestiones acuciantes que no admiten dilación. De todo ello dependerá que el brexit sirva como toque de atención o revulsivo y suponga el fin del principio, o por el contrario sea el detonante de un ulterior efecto en cadena, que lamentablemente supondría el principio del fin.

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