¿Cuál es tu estilo de formador-orador?

Sección Revista:

FORMACIÓN

Sandra Cerro
Grafóloga y perito calígrafo
Máster en Dirección y Gestión de RRHH por el CEF.-
Miembro de la ACEF.- UDIMA


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Cuando asistimos a cursos o conferencias con frecuencia podemos llegar a sorprendernos con el tipo de feeling que nos provoca uno u otro tipo de formador. Esto me ha inspirado una pequeña clasificación con las características de los más comunes. Si eres formador, seguro  que te sientes identificado con alguno de ellos. Si eres de los que asisten a menudo a conferencias y cursos seguro que te los has topado en alguna ocasión:

1. El paseante.

Este tipo de orador-formador permanece en pie durante toda la ponencia y se pasea de un lado a otro del estrado, o incluso por toda la sala. En la personalidad de estos oradores destaca el deseo de ser vistos e incluso admirados. Su actitud es similar a la de las modelos sobre una pasarela. El aire de su figura se reparte por toda la sala y también su voz. Puede que con esta actitud mantengan al público más atento, ya que tiene que hacer el esfuerzo de seguirles con la mirada; pero, en el polo negativo, a veces llegan a marear bastante.

2. El inmóvil.

¿Quién no ha estado en alguna conferencia ante una figura de cera, con el micrófono sujeto delante de la boca, y que mueve solo los labios? Ese es el inmóvil. Su discurso puede ser muy interesante, pero sin la emotividad que imprime el lenguaje no verbal está dejando de lado una parte importantísima de la comunicación. Por otra parte, los inmóviles suelen adolecer de pasión, o al menos no la transmiten, y es difícil que sin pasión su discurso cale hondo en la audiencia.

3. El showman.

El showman, al igual que el paseante, se mueve mucho delante del público e incluso entre este y va buscando la admiración y la aprobación de la audiencia. Pero, además, tiene una constante actitud “sabelotodo”, con cada una de sus palabras parecen dictar sentencia. Al contrario que el inmóvil, el showman gesticula mucho, habla alto, se impone como un líder, o incluso como un héroe ante las masas de seguidores. Actúa haciendo actuar, y pretende que la masa participe activamente y se mueva mucho igual que él. Este tipo de oradores-formadores pueden crear numerosos fans a modo de redil ovejero, pero a un público más pasivo, que solo pretenda escuchar y no actuar, puede provocarle rechazo.

4. El integrador.

Es un tipo de orador-formador tranquilo. No gesticula demasiado, ni se pasea tanto como el paseante o el showman, pero sí consigue transmitir pasión en su discurso desde la serenidad. Antes de actuar, observa al tipo de público que tiene ante él y se adapta a sus intereses. Empatiza con el público, le anima a participar en su discurso pero desde una posición integradora, bajando del estrado y poniéndose al nivel de su audiencia, abandonando posiciones de superioridad y adoptando las de igualdad con su público.

¿Quién no ha estado en alguna conferencia ante una figura de cera, con el micrófono sujeto delante de la boca, y que mueve solo los labios?

5. El apasionado.

Son oradores nerviosos, enérgicos, que gesticulan mucho y abusan del lenguaje no verbal. Son apasionados de su discurso, extraordinariamente motivados y con ganas de transmitir su ilusión a la audiencia. Si conectan con personas con su mismo nivel de emotividad pueden tener éxito, pero a un público tranquilo, con una actitud más pasiva y un menor índice de emotividad, puede llegar a agotarle con su catarata de energía.

6. El sorprendedor.

Es un tipo de formador que juega y disfruta provocando efectos sorpresa a lo largo de su discurso. Dentro de una monotonía o discurso lineal, introducen un gesto, una postura, una historia, que sorprende al público por lo inesperado, o incluso fuera de contexto, y provoca un giro radical en el discurso, captando así con acierto el mayor interés de la audiencia. Este tipo de impactos suelen ser recordados por el público mucho tiempo después, así que es una buena técnica para atraer la atención y reforzar la memoria sobre el mensaje que transmiten.

7. El “profesor siesta”.

Así se llamaba uno de los personajes de Barrio Sésamo: un profesor que comenzaba las conferencias e iba bajando el tono hasta quedarse profundamente dormido. Estos suelen ser oradores poco motivados, con un discurso que muchas veces se saben de memoria o están aburridos de ofrecerlo en la misma forma, y a ellos mismos les cansa. No transmiten pasión ninguna, y lo único que consiguen del público es que se aburra y se marche, o que le acompañe en su siestecilla.

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