Living Nueva Orleans

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Living Nueva Orleans
Joerg Hackemann. 123rf

Existen pocas ciudades tan gamberras, desmedidas y salvajes como Nueva Orleans.  Y gracias a ello, la ciudad más poblada del estado de Luisiana atrae cada año a miles de visitantes de Estados Unidos y de todo el mundo. Parece mentira que entre lo más visitado de la aséptica Norteamérica esté una población cuyo centro huele a la monumental juerga de la noche anterior, pero así es. Un paseo por el famoso French Quarter del centro histórico supone una carrera de obstáculos para evitar botellas vacías, personas durmiendo la mona en el suelo y un fuerte olor no apto para melindrosos.  El desbarajuste del suelo choca contra la pinta idílica de las calles y casas. El área está sembrada de singulares elementos que evidencian la multiculturalidad, rica historia y calado de este sorprendente enclave. Las casas bajas pintadas en vivos colores, la vegetación tropical verdísima que lo inunda todo, los patios ocultos sembrados de flores, la iluminación nocturna con auténticas lámparas de gas, el seductor jazz en vivo que se escapa de los bares, todo ello con el tremendo Misisipi de fondo. Una suerte de mar de agua dulce por el que sigue navegando un auténtico barco de vapor, el Natchez, desde el que los turistas beben té helado y contemplan las vistas.

La comida es capítulo aparte. Como con el resto, la gastronomía local no tiene nada que ver con la del resto del país. Étouffée de cangrejo, jambalaya, beignets, gumbo y ostras en todas sus modalidades, fritas, gratinadas o en bocadillo (conocido popularmente como  Po’ boy), son algunos de los referentes de la comida cajun y criolla de Nueva Orleans. En su gastronomía condimentada y colorista se detecta fácilmente el pasado francés y español tamizado por la constante influencia africana. Una delicia.

En Nueva Orleans hasta los funerales se celebran a ritmo de jazz

Lo más icónico de la arquitectura criolla de la ciudad son sus balconadas de hierro. Desde allí nos miraron Blanche y Estela DuBois, esas bellezas sureñas tan bien retratadas por Tennessee Williams, que bajo una capa de lustre tenían muchas cosas que ocultar. A Nueva Orleans le pasa un poco lo mismo. Está asentada sobre los terrenos pantanosos del delta del Misisipi. Su subsuelo poroso y permanentemente mojado sobrevive gracias a enormes bombas que drenan el agua hacia el mar.  Nueva Orleans, NOLA para los estadounidenses (acrónimo de Nueva Orleans, Luisiana), depende de las bombas y de los diques de contención para levantarse cada día, sin ellos la mitad de la ciudad no sería más que otro pantano poblado de caimanes. De hecho el desastre del Katrina no fue por el desbordamiento del Misisipi, ni por la tormenta previa, ni por la lluvia, sino por la rotura de los canales por los que se expulsa el agua al mar. El derrumbe de parte de sus macro ingenierías causó la inundación del 80% del área y la muerte a 1800 personas. Un desastre que supuso un punto de inflexión para la ciudad por mucho que esta sufra huracanes e inundaciones frecuentes.

Living Nueva orleans
Fotoluminate. 123rf

Solo un 51% del área urbana se sitúa por encima del nivel del mar, lo que explica que muchos de sus cementerios opten por mausoleos y criptas en vez de los clásicos enterramientos americanos. Las guías suelen regodearse en la historia gore de que en las frecuentes inundaciones sufridas a lo largo de los siglos muchos cuerpos sepultados bajo tierra salían a flote al ser arrastrados por la riada. En la llamada “ciudad de los muertos” los cementerios constituyen una auténtica atracción. Saint Louis, Metairie o Lafayette son la meca de un montón de visitantes que se pasean entre las lápidas y criptas blancas, amontonadas a lo largo de los siglos. En el primero de ellos está enterrada Marie Laveau, reina vudú del siglo XIX cuya tumba sirve de lugar de peregrinación para muchos.  Curiosamente, Laveau fue olvidada hasta 1970, año en el que comienzan a aparecer en su tumba dibujos cabalísticos, botellas con filtros mágicos, signos X (referidos a la vida y a la muerte), flores, y monedas. A día de hoy su lugar de enterramiento constituye un auténtico altar, no sabemos si para los seguidores del vudú o solo para los turistas.

Buena parte de las guías para visitar la ciudad recomiendan visitar los cementerios y muchos de los barrios colindantes en grupo o visitas organizadas. Aunque la seguridad ha crecido exponencialmente en los últimos años aún se respira tensión en las calles.  La almendra central está custodiada a cal y canto por auténticas hordas de policía armadas hasta los dientes que vigilan los pasos de los turistas. Policías blancos, patrullando en grupos de seis u ocho, y rodeados de una población mayoritariamente afroamericana y aún más empobrecida tras el Katrina. La tensión racial se mastica.

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