Malos humos

Sección Revista:

MOTOR

Maximino González Barfaluy
Miembro de la ACEF.- UDIMA

Malos humos
Nerivill. Pixabay

Una vez más nos encontramos cerca del final de año, con uno de los otoños más secos nunca recordados, y con serios problemas de contaminación en las grandes ciudades de nuestro país. Ya desde este verano en ciudades como en Madrid o Barcelona, hemos ido sufriendo restricciones en la circulación de las entradas a la ciudad, con límites en la velocidad máxima. Ante la falta de lluvias se ha decidido a asumir un nivel más alto en el protocolo y por lo visto esto no terminará aquí si no vuelve la esperada lluvia.

El protocolo de contaminación incluye cuatro niveles de menor a mayor restricción teniendo en resumen estas consecuencias:

- Nivel I: Reducción de la velocidad en M30 y accesos a 70 km/h.

- Nivel II: nivel I + prohibición de estacionamiento en las plazas y horario del SER (servicio de estacionamiento regulado).

- Nivel III: Nivel II + restricción de la circulación de los vehículos con matrícula par o impar, según el día sea par o impar, en el interior de la M30. Así como recomendación de no circulación de taxis libres, excepto ecotaxis y eurotaxis.

- Nivel IV: En este último nivel la restricción de circulación se amplía a la M30 y la recomendación de no circulación de taxis se convierte en restricción.

Aun con todo, todos estos niveles no suponen una solución al problema de la contaminación, sino más bien un intento de retrasar el daño provocado por la intensa circulación de las grandes ciudades. En este artículo he tomado como ejemplo el protocolo de la ciudad de Madrid pero en líneas generales es similar al que puede tener cualquier gran ciudad europea.

Lo que me sorprende es que una vez más todo el peso de la culpabilidad recae sobre el particular, o al menos así lo parece. No sería mejor adoptar medidas más drásticas desde un principio con todos los vehículos de flota que están continuamente por las calles circulando. No es más sencillo para un empresario cambiar su flota por vehículos eléctricos o de hidrógeno, que para un particular para quien el simple hecho de colocar un punto de recarga en su garaje (si es que dispone de él) ya le supone un desembolso importante y quizás definitivo para la no adquisición de un eléctrico.

Por parte de la administración se debe de potenciar aún más el uso de energías “limpias”

Por poner un ejemplo, ya en 2003 llegó el primer autobús urbano cuyo combustible era el hidrógeno, el cual tan solo emitía vapor de agua a la atmosfera. 14 años después la EMT, ha ido sustituyendo gradualmente sus autobuses por los que se mueven con GNC (gas natural comprimido), híbridos o bien eléctricos. Pero aun así en esos 14 años, eléctricos puros aún solo se cuenta con 18 en la flota, lo que representa un 0,89%. Y aún siguen en circulación más de un millar de unidades diésel representando algo más del 50% de la flota.

Otro ejemplo sería el de los taxis, donde la inmensa mayoría siguen siendo diésel seguidos de híbridos, pero los eléctricos puros, tampoco tenemos una cantidad relevante.

Está claro que todos tenemos que poner de nuestra parte a la hora de intentar cuidar nuestro entorno, pero no debemos ser complacientes con las verdades a medias que nos ofrecen en la mayoría de las ocasiones. Pero desde luego por parte de la administración se debe de potenciar aún más el uso de energías “limpias”, las cuales no dejan de salir de algún lado con la consecuente contaminación que se produce, aunque en este caso lejos de nuestro hábitat más habitual, como es la ciudad en la que vivimos. Y cuando ellos tengan el ejemplo totalmente predicado, serán consecuentes con los actos que nos afectan a todos.

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