“Slow” Tavira

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VIAJES

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Slow Tavira

El Algarve portugués esconde muchos paraísos cercanos. Ponta da Piedade con sus acantilados y extravagantes formas rocosas, las playas de Marinha, la marcha de Albufeira, la inmensidad del Cabo de San Vicente, o ese desconocido interior, que sigue virgen a pesar de los muchos visitantes que pueblan las playas cercanas. Sin olvidar a Tavira, la ciudad tranquila del Algarve este, a tan solo 30 minutos de Ayamonte. Alejada del bullicio de Lagos o Portumao, Tavira se revela como una preciosa villa pesquera con una interesante historia que contar. Ya fue asentamiento conocido para los antiguos fenicios hace más de 2.500 años. Árabes y romanos también poblaron la zona y dejaron numerosos vestigios tras de sí, como el puente romano, aún en uso, o las callejuelas moras de su casco histórico. El devastador terremoto que sufrió Portugal en 1755 destruyó buena parte de la ciudad, pero al menos dio paso a una reconstrucción cuidadísima. Hoy Tavira está poblada de mansiones y edificios monumentales que nos hablan de su rico pasado. Rincones con encanto en cada esquina, plazas pequeñas e iglesias, muchas iglesias, hasta contar 37 de ellas. La más emblemática de ellas es la iglesia de Santa Maria do Castelo, del siglo XIII. Parcialmente derrumbada por el terremoto y vuelta a construir, la basílica cuenta con una pieza muy singular, su exquisito atril de misal, procedente de Japón y fechado en el siglo XVI. Muy cerca del templo está el Castillo de Tavira, o más bien lo que queda de él. Sus murallas, jardines y torre octogonal se asientan sobre la original fortificación fenicia (siglos VIII-VII aC). Desde allí se contemplan las mejores vistas de la ciudad, pobladas de cúpulas de iglesias, jardines, tejados rojos y mucha naturaleza de verde intenso.

Slow Tavira

A pesar de ser uno de los principales enclaves turísticos del sur de Portugal, la ciudad conserva el sabor de lo auténtico, aderezado por una gastronomía más que interesante. En la llamada slow city, la cocina gira en torno al pescado y a los mariscos. El plato estrella es la cataplana, una suerte de guiso preparado en una olla metálica del mismo nombre en la que se cuecen pescado, verduras, arroz y caldo. A esta se unen los clásicos carnes y pescados a la parrilla, casi siempre sabrosos y muy abundantes, siguiendo la tradición portuguesa. El apartado de dulces está bien cubierto gracias al pudin de miel o el “pastel mimoso” de Tavira. Mención especial merecen los vinos de la zona. En el Algarve nos encontramos con cuatro denominaciones de origen: Lagoa, Portimão, Tavira y Lagos y 27 productores que generan un espectro de vinos realmente amplio y sorprendente. Acercarse a una de las vinotecas de Tavira para realizar una cata de los vinos locales puede ser una experiencia más que grata.

La isla de Tavira, comunicada con ferry con la ciudad, está dentro del Parque Natural de la Ría de Formosa y ofrece playas kilométricas de arenas doradas

Pero por si algo es conocido Tavira es por el Parque Natural de la Ría de Formosa, tan próximo y tan rico. En esta zona protegida se pueden encontrar numerosos hábitats distintos: pantanos, marismas, dunas, salinas, lagunas de agua dulce, zonas dedicadas a la agricultura a pequeña escala o bosques, con una de las mayores diversidades de flora y fauna de toda Europa. La isla de Tavira, comunicada con ferry con la ciudad del mismo nombre, se sitúa en uno de los extremos del parque y ofrece playas kilométricas de arenas doradas. En la isla, casi desierta, no hay coches y las edificaciones son muy escasas. Allí encontraremos cuatro grandes playas con Bandera Azul: la Playa de Isla Tavira (Praia de Ilha Tavira), la Playa de la Tierra Estrecha (Praia da Terra Estreita), la Playa del Barril (Praia do Barril) y la Playa del Hombre Desnudo (Praia do Homem Nu). Esta última es una playa prácticamente salvaje y vacía, apta para la práctica del nudismo. En la Playa del Barril está el famoso cementerio de anclas, en el que nos encontraremos con dos centenares de ellas alienadas a pocos metros del mar. Su origen está en los barcos atuneros tan comunes en la zona hace varias décadas. Según la pesca del atún iba decayendo a lo largo del tiempo la flota pesquera desaparecía, dejando tras de sí un testigo de lo más singular, las anclas. 200 anclas enormes, oxidadas y bien agarradas al arenal, que viven ahora de cara a la galería después de tantos años de hacerse a la mar. Quién les iba a decir que en la jubilación iban a hacerse famosas.

Para más información sobre Tavira: https://www.visitportugal.com/es/destinos/algarve/73804

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