Paul Cézanne, padre del arte moderno

ARTE

Javier de la Nava
Profesor del CEF.-

Paul Cézanne, padre del arte moderno
Fotografía cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza

La oferta cultural madrileña se abre este año con una muestra monográfica sobre Paul Cézanne. Hasta mediados de mayo el Museo Thyssen-Bornemisza acoge esta exposición sobre el artista francés, la primera organizada en España en los últimos 30 años. Considerado en las enciclopedias del arte como uno de los principales artistas postimpresionistas, Cézanne fue uno de los pintores más significativos del siglo XIX e influyentes en el desarrollo artístico posterior.

Nació en Aix-en-Provence, el 19 de enero de 1839, en el seno de una familia adinerada, propietaria del banco local. Paul comenzó a estudiar Derecho para complacer a su padre, el cual tenía la esperanza de ver a su hijo al frente de su negocio bancario, pero con gran disgusto para su progenitor, finalmente decidió dedicarse a la pintura, inclinación vocacional apoyada por su madre. Con 22 años se instala en París, matriculándose en la Academia Suiza, donde conoce a Pissarro y estudia en profundidad a los grandes pintores clásicos. Bien relacionado con bohemios e intelectuales parisinos, nunca se sintió cómodo entre ellos, quienes le consideraban provinciano, huraño y desconfiado. Molesto con las críticas hacia su obra, alterna estancias en la capital con temporadas en la casa de campo familiar y en  L’Estaque, cerca de Marsella. Finalmente en 1900, se recluyó en su ciudad natal, donde falleció en 1906.

Sus obras prescinden de la emotividad y del sentimiento para centrarse en las relaciones entre  forma y color, “cuando el color es más rico, la forma está en plenitud”, repetía

Tras unos primeros lienzos de concepción romántica, participa activamente en la creación de la escuela impresionista. Adscrito al sector de los "problemáticos", junto a Renoir y Degas, sus discrepancias con los “impresionistas puros” como Monet, Pissarro o  Alfred Sisley, fueron en aumento y le llevan a alejarse definitivamente de la estética impresionista, a la que acusa de superficial y sensacionalista. Aislado, sus obras prescinden de la emotividad y del sentimiento para centrarse en las relaciones entre  forma y color, “cuando el color es más rico, la forma está en plenitud”, repetía. Sus paisajes, bodegones y retratos rompen con la concepción tradicional de la profundidad e intentan captar pictóricamente la estructura interior de las cosas. Busca en la naturaleza las formas esenciales de los paisajes que pinta, las  figuras geométricas como el prisma, la esfera y la pirámide son plasmadas en todo lo que contempla y posteriormente traduce al lienzo. Concibe los árboles como cilindros y las casas enfatizan la geometrización del cuadro. En sus bodegones, elige los objetos por su entidad volumétrica, sin aplicar el tradicional sistema de claroscuros, ni recurrir al modelado. En Cézanne el retrato pierde el componente psicológico y emocional, lo que importa es la presencia física y el análisis volumétrico.

Durante toda su vida, Cézanne fue un pintor incomprendido, incluso fracasado. Solo al final de su existencia, en 1895, en la galería de Ambroise Vollard, realizó su primera muestra individual. A partir de entonces su obra comenzó a valorarse y a influir en los futuros cubistas, entre otros en Picasso. Su exposición póstuma, celebrada en París en 1907, fue un póstumo reconocimiento de su importancia dentro del mundo del arte, no siendo exagerado presentar a Paul Cézanne como el padre del Arte Moderno.

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