Chat GPT o el ocaso de la cultura

Iconos digitales de Chat GPT e IA

Ubaldo González de Frutos
Jurista y lingüista.

Inteligencia Artificial

La esperanza que nos queda es que, después de la glaciación cultural que se avecina, vendrá un nuevo renacimiento

En su libro “The Dumbest Generation” (La generación más tonta), Mark Bauerlein presentaba la paradoja de que los millenials tuviesen a su alcance toda la cultura y el conocimiento del mundo -a la distancia de un click- y, sin embargo, fuesen la generación más ignorante de todos los tiempos. El sueño de los libros infinitos que Borges había imaginado en “La biblioteca de Babel” o en “El jardín de los senderos que se bifurcan” era de repente realidad, pero como en la obra del argentino genial, ese conocimiento es elusivo, los hombres no tenemos el tiempo para leerlos todos. El saber es infinito y eso produce rechazo; ¿para qué intentarlo si es imposible?

Volviendo a Bauerlein, al libro, publicado en 2008, no se le puede negar un cierto carácter visionario, aunque se basaba en claros indicios. Sin ir más lejos, en esa fecha ya estaban bien implantados la Wikipedia o el Rincón del Vago. Desde entonces, los obstáculos entre los jóvenes y la alfabetización no han dejado de crecer. Las reformas educativas en España mandaron al desván el principio de excelencia, poniendo en su lugar el de igualdad, que es mucho más inclusivo, aunque no muy resiliente, porque no hemos visto que el sistema educativo público mejore; más bien al contrario: si hace 50 años la educación acreditada era la de un instituto público, ahora lo es la de los centros privados.  Ya se ven las consecuencias, la generación actual vivirá peor que la de sus padres. Esta es la primera vez que ocurre en mucho tiempo.

Otros factores deletéreos fueron los SMS y los chats de los smartphones, pues trituraron la ortografía, sustituyéndola por un metalenguaje fonético (“K tal?”) de rotunda vulgaridad. La digitalización del ocio no es un factor menor; en mi niñez las bibliotecas eran lugares populares. Leíamos con avidez novelas de “Los cinco” o “Los siete secretos” en los primeros años, “La ciudad y los perros” después, “La familia de Pascual Duarte”, “Cien años de soledad”..., casi todo lo que caía en nuestras manos. Esta forma de evasión analógica está periclitada. Las bibliotecarias ya no miran por encima de las gafas para mandar callar a la chiquillería, porque ya no hay niños en la sala; la evasión ahora es digital: Netflix, Amazon Prime, Fortnite, Minecraft o League of Legends.

Las personas que ejercen un cierto ascendente social no son precisamente abanderados culturales. Dejando de lado casos perdidos como tronistas, supervivientes y romeos y julietas de Fisrt Dates, muchos locutores deportivos, especialmente los jóvenes, parecen haber crecido de espaldas a la gramática, y propagan una forma de expresión banalizada, con graves lagunas gramaticales. Y... ¿qué decir de los políticos? Deliberadamente torturan al idioma con el lenguaje sedicentemente inclusivo, destinado a visualizar a las mujeres, pero que sistemáticamente las pone detrás de los hombres (“a todos y a todas”, ¿os suena esta forma de ordenar los géneros?). Decir los españoles, como hace por ejemplo la Constitución, para incluir un grupo donde hay hombres y mujeres, todos juntos, no es un acto de machismo heteropatriarcal irredento, es simplemente utilizar la versión española del género neutro latino. Neutro: ni uno ni otro.

La amenaza más reciente, aunque probablemente no la última, es la inteligencia artificial generativa, que no solo liberará a los jóvenes de la necesidad de saber escribir, también los eximirá del penoso esfuerzo de pensar o de traer a la conversación referencias culturales. He preguntado a Chat GPT si la inteligencia artificial deteriorará la adquisición de cultura por los jóvenes y, en su típico estilo ambivalente de “sí, pero también puede que no”, ha reconocido que (transcribo un extracto):

...La adquisición de cultura por parte de los jóvenes es un tema complejo y multifacético que puede verse influenciado (sic) por diversos factores, incluido el uso de tecnologías como el chat GPT.

...es importante reconocer que las tecnologías de inteligencia artificial tienen limitaciones y desafíos. El chat GPT, por ejemplo, se basa en los datos y la información existentes en su conjunto de entrenamiento. Si los datos son sesgados, incompletos o erróneos, existe el riesgo de que el chat GPT transmita información incorrecta o promueva sesgos culturales.

Además, el uso excesivo de tecnologías como el chat GPT podría limitar las experiencias directas de los jóvenes con la cultura, como leer libros, visitar museos, interactuar con personas de diferentes orígenes y participar en actividades artísticas y culturales. Esto podría tener un impacto en la comprensión y apreciación más profunda de la cultura.

En última instancia, es fundamental fomentar un enfoque equilibrado y crítico hacia la adquisición de cultura en los jóvenes. Si bien las tecnologías como el chat GPT pueden ser útiles y complementarias, es esencial promover la exploración activa, el pensamiento crítico y el contacto directo con diversas manifestaciones culturales. La educación, el diálogo y el fomento de la curiosidad son clave para desarrollar una comprensión sólida y enriquecedora de la cultura.

Con Mark Bauerlein, pienso que nos abocamos a un retroceso cultural profundo. Tal vez no llegue a la intensidad que tuvo la caída del Imperio Romano a manos de los bárbaros, que generó un retroceso del que nos costó mil años salir, pero sin duda será profunda. Las reglas de nuestro querido idioma cambiarán (¿quién sabe hoy, por ejemplo, conjugar el modo imperativo?) y miles de palabras desaparecerán (un hablante normal utiliza de modo habitual entre 10.000 y 20.000 vocablos, una fracción de los 93.000 que contiene el diccionario de la lengua española). La esperanza que nos queda es que, después de la glaciación cultural que se avecina, vendrá un nuevo renacimiento. Mientras que se materializa ese futuro distópico podemos hacer una cosa: leer más.