Duplicando voy, confundiéndome vengo. Sobre la duplicación de género gramatical

Orador hablando y público dormido

Jorge Rejón Díez
Máster en Edición por la UCM.

Lo+social

De un tiempo a esta parte estamos experimentando en nuestro idioma un fenómeno que despierta cierta confusión entre los hablantes, como es la duplicación del género gramatical de algunos sustantivos con la pretensión de hacer patente la presencia de las mujeres. Esta duplicidad hace que en ocasiones se generen dudas sobre qué forma sería la más correcta o incluso si sería gramaticalmente correcto tal o cual uso.

Antes de intentar hacer un somero razonamiento lingüístico sobre este fenómeno, hemos extraído como muestra un texto de la introducción de un manual publicado por el Instituto Cervantes, El libro del español correcto, que sería un buen ejemplo de lo que es una rigurosa aplicación de esta duplicación de género (si bien, todo hay que decirlo, usado por los autores para mostrar lo que supondría llevar las cosas al extremo):

Las autoras y los autores de este libro lo hemos creado para que interese a los lectores y a las lectoras y para que sirva de ayuda a escritoras y escritores, a oradores y oradoras. A ellos y a ellas va dedicado, y a todos y a todas, a cada uno y a cada una.

Género no es sexo

La primera aclaración que deberíamos hacer es que no es lo mismo el género gramatical que el sexo de los seres vivos del reino animal. El género es un morfema, esto es, una categoría abstracta de carácter lingüístico que el español utiliza para establecer la concordancia entre sustantivos y adjetivos, o entre determinantes y nombres, y que configura la estructura del sintagma y, en última instancia, de la frase. El sexo, simplificándolo para la ocasión, se refiere a una distinción biológica entre el hombre y la mujer, o el macho y la hembra si hablamos de animales. No se debería identificar sexo masculino con género gramatical masculino, o a las mujeres con el género gramatical femenino.

Adentrándonos algo más en este terreno, la siguiente precisión tiene que ver con la otra utilidad que proporciona el morfema de género al idioma, aparte de la concordancia, que no es otra que la distinción entre términos genéricos y específicos. Esto es, el español utiliza el masculino como término inclusivo (término no marcado en la definición lingüística), lo que viene a significar que es el término que puede abarcar tanto a lo masculino como a lo femenino, además de solo a lo masculino, por oposición al femenino (el término marcado), que exclusivamente se utiliza para designar a lo femenino. Así, por ejemplo, si hablamos del alumno, puede referirse tanto a un alumno hombre como al conjunto de alumnos, hombres y mujeres. Solo el contexto nos aclarará cuál sería su uso, si genérico o específico.

Lo que dice la RAE

Entonces, ¿sería incorrecto este desdoblamiento que prolifera cual sarampión estacional entre numerosos hablantes? Pues si consultamos a nuestra Real Academia Española nos dirá que no es tal, que desde un punto de vista estrictamente gramatical es una construcción que se atiene a las reglas de formación de palabras y que por lo tanto no es errónea… pero sí del todo innecesaria. Son muchos los argumentos que se podrían recabar, entre ellos los expuestos en los párrafos anteriores, pero si tuviéramos que elegir el de mayor peso, por lo menos en cuanto a practicidad, sería uno de los principios básicos de cualquier sistema comunicativo: la economía del lenguaje. Para glosar este principio recuperamos la publicación del Instituto Cervantes, que continuaba las anteriores líneas con estas palabras:

Pero no podemos recargar las páginas repitiendo cada vez los dos géneros para precisar que a ambos va destinada la obra, pues de hacerlo así pronto nos abandonaría las unas y los otros (y harían bien, porque una redacción así sería insufrible). […] cuando hablamos de ‘el escritor’ o ‘el autor’ nos estamos refiriendo a mujeres y hombres sin exclusión.

A modo de conclusión podemos afirmar que, por lo menos por el momento, el español no tiene necesidad de implantar una duplicidad constante en el género de los sustantivos para que los hablantes se entiendan con claridad entre sí, que a fin de cuentas es de lo que se trata. De esta parte en adelante… el tiempo lo dirá.