Mijaíl Gorbachov: entre Breznev y el muro de Berlín

Aparecen smbolos comunistas. La hoz y el martillo y la estrella sobre un fondo rojo

Carlos Bonilla García
Graduado en Historia. Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria en la Especialidad de Geografía e Historia por la UDIMA.

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El pasado 30 de agosto de este mismo año, el siglo XX daba aún sus últimos estertores cuando uno de sus protagonistas, Mijaíl Gorbachov, fallecía a causa de una larga enfermedad. Nació en el seno de una familia humilde en la región del Cáucaso. Logró matricularse en Derecho y, posteriormente, presidiría el Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1985. En 1990 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz por su empeño en resolver las tensiones derivadas de la Guerra Fría. Su paso por el gobierno cambiaría la estructura política, social y económica en el bloque oriental europeo de manera irreversible; aunque no con pocas dificultades y éxitos ajustados.

La anterior situación de la URSS durante el mandato de Leónidas Breznev, entre 1964 y 1982, se organizaba en base a un conservadurismo que se perpetuaba en la inexistencia de regeneración de cargos, reafirmándose de esta manera el poder incuestionable de la burocracia. Las propuestas de cambio y su aplicación apenas lograron alentar un nuevo paradigma para el Estado. El plan económico de 1965 no respondió como se esperaba para la mejora del sector primario y secundario. El efecto de la crisis capitalista de 1973, que dejó al margen a los países de economía socialista, originó una cierta ventaja al mantener la política exterior con los mercados de África y Oriente Próximo en una posición privilegiada.

La dirección de Breznev no consiguió en ningún caso contener la dura oposición de las Repúblicas populares, que aspiraban a una descentralización de la metrópoli moscovita. Estas naciones estaban cada vez más endeudas, inmersas en una continua subida de precios generalizada. La Primavera de Praga se convirtió en el estandarte de las protestas ante la precariedad de los obreros y sus ansias de libertad. Aunque estas manifestaciones fueron contenidas con dureza desde el intervencionismo militar, significó un punto de partida para desvencijar el régimen existente y poner en una seria dificultad la vigencia del Pacto de Varsovia. La represión del ejército motivó una condena internacional.

Después de dos breves presidencias para la continuidad del gobierno precedente, se le encomendará a Gorbachov la secretaría del PECUS. Desde un primer momento, se implementó un conjunto de reformas, entre las cuales se hallaba la regeneración de representantes políticos. Algo a todas luces necesario para la transformación estructural que se pretendía. Las dos líneas de actuación fueron: Perestroika y Glanost, esto es, renovación y transparencia. En definitiva, acometer de manera eficaz las mejoras económicas y al mismo tiempo, acabar con el absentismo laboral, la economía sumergida e incluso, contemplar la iniciativa privada frente a la pública, dirigida desde el Estado. De esta forma, las empresas obtendrían una mayor capacidad de decisión y autogestión. En el campo, se fomentó la concesión de tierras a los agricultores. Este programa fue articulado bajo el amparo de un aperturismo hacia occidente, la moderación en el control político, la libertad de prensa, el fin de la restricción a la lectura de libros hasta entonces no permitidos y unos medios informativos menos intervenidos.

Los resultados de estas decisiones no respondieron ampliamente a las expectativas iniciales. Los proyectos parecían insuficientes una vez puestos en práctica. Los precios no cesaban de subir y los salarios cada vez eran más precarios. Mijaíl resarció estos agravios con un nuevo plan conocido como Shatalin y así enmendar su labor consistente en sostener la economía en la ley de la oferta y la demanda. Puso en marcha la privatización de empresa públicas y el crédito privado, pero el partido comunista no estaba dispuesto a aceptar estos ajustes más allá de abandonar la idea de la dictadura del proletariado. Además, en las elecciones de 1989 fueron derrotados varios representantes del partido en numerosas ciudades.

La política internacional supuso una mejora en la relación con Norteamérica y su homólogo Donald Reagan. Con ello, se redujo el gasto armamentístico. Aun así, no había desaparecido la disidencia de las Repúblicas populares para preludio de la desaparición de la URSS, que quedó simbolizada en el derribo del muro de Berlín en 1989. Estos países reivindicaban su total soberanía y el rechazo de cualquier intervención comandada desde el Kremlin. El sector conservador no se daría por vencido, como quedó demostrado ante el golpe de Estado que se produjo sin grandes efectos. Gorbachov fue detenido mientras veraneaba en Crimea y tras ser liberado poco después, Boris Yeltsin se hacía con el poder.

Hacer una valoración sobre el ejercicio de Gorbachov puede suscitar muy diferentes opiniones, a tenor del resultado de sus medidas. Sin embargo, su paso por el gobierno logró significar que la derrota definitiva de la federación soviética se gestara desde el PECUS en la década de los ochenta y no de manera directa desde los Estados Unidos.