Cómo sobrevivir a las oposiciones

Una persona contempla su laptop en un espacio luminoso, simbolizando concentración y reflexión

Caridad Jara Sánchez
Graduada en Psicología. Estudiante del Máster en Psicología General Sanitaria en la UDIMA.

Oposiciones

Un enfoque práctico del big data y Power BI

Sagrario (nombre ficticio) es una mujer de 52 años, trabajadora social y madre de familia. Durante años, su principal objetivo ha consistido en prepararse unas oposiciones para convertirse en funcionaria. Conseguirlo significaría alcanzar valores importantes para ella, como la seguridad económica, el reconocimiento social y la sensación de logro. Sin embargo, a pesar de haber realizado grandes esfuerzos, los resultados obtenidos no han sido los esperados. Tras tres años de intentos infructuosos para conseguir plaza, Sagrario ha desarrollado estrés crónico con somatizaciones como fuertes dolores de cabeza y paralización de las extremidades de la zona derecha del cuerpo. Por este motivo, su médico de cabecera le ha dado la baja laboral y le ha recomendado que acuda a un profesional de la psicología.

Este no es un caso aislado, miles de personas se preparan anualmente para este tipo de pruebas y, no en pocas ocasiones, esto desemboca en una importante fuente de estrés para ellos. Entre los factores que pueden causar esta situación, se encuentran la presión autoimpuesta, el miedo al fracaso, la extensa carga de estudio, la competencia y la incertidumbre sobre el futuro.

Sin embargo, el estrés no siempre es negativo para la persona que lo sufre. Es una reacción natural del cuerpo ante situaciones desafiantes, que permiten adecuar su respuesta a la demanda de la tarea que se quiere realizar. En 1908, los psicólogos Robert M. Yerkes y John Dillingham Dodson enunciaron la Ley de Yerkes-Dodson. Esta ley promulga que el rendimiento tiende a aumentar con la excitación fisiológica o mental, sin embargo, tiene un límite. Cuando los niveles de excitación son demasiado altos se produce el efecto contrario: el rendimiento disminuye.

Pero la aparición del estrés no supone únicamente una disminución del rendimiento cognitivo. Cuando se mantiene durante un tiempo prolongado, puede tener un impacto significativo a nivel fisiológico. En estas situaciones de estrés crónico, aumenta la producción de la hormona del estrés, el cortisol.

Esto afecta de manera negativa a la salud, debilitando el sistema inmunológico y provocando cambios en el cerebro, tales como la reducción del tamaño de ciertas regiones cerebrales, que afectan a la concentración, la memoria y la toma de decisiones.

Por todo esto, la preparación de una oposición no solo debería enfocarse en la parte intelectual, sino que es fundamental darle la importancia adecuada a aquellos hábitos que puedan ayudar al opositor a manejar las situaciones de estrés para preservar su salud mental y física. Algunas estrategias para conseguirlo pueden ser las siguientes:

  • Organización y planificación. Establecer un plan de estudio realista y bien estructurado puede ayudar a reducir la sensación de abrumo.
  • Ejercicio y descanso. La actividad física regular y el descanso adecuado son fundamentales para mantener un equilibrio mental y emocional.
  • Técnicas de relajación. El mindfulness, la respiración profunda y el yoga son útiles para disminuir la ansiedad y el estrés.
  • Apoyo social. Compartir inquietudes con amigos, familiares o grupos de estudio puede brindar un importante apoyo emocional.
  • Acudir a un profesional de la psicología. Contar con la figura de un psicólogo ayuda al opositor a manejar las emociones desadaptativas que pueden surgir durante el proceso de estudio, facilitando la consecución del objetivo perseguido.