COVID-19: efectos sobre el mercado de trabajo

Industria

Juan José Pintado
Profesor de Economía del Grupo Educativo CEF.- UDIMA.

Economía

La crisis sanitaria y económica causada por la COVID-19 está trastocando a las economías de todo el mundo. El tejido empresarial y toda la población laboral está en serias dificultades. Pero es que, además, está acelerando vertiginosamente el uso de la automatización (digitalización, inteligencia artificial, robótica...), el teletrabajo, etc. Todo ello va a afectar a la ocupación, desempleo, ingresos salariales y formas de trabajo posibles.

Según un estudio del Foro Económico Mundial, la robotización va a estar mucho más presente en las empresas. Según el informe, la recesión económica y la pandemia alertan de que en 2025 -dentro de cinco años- el trabajo se repartirá al 50 % entre humanos y robots.

Es muy difícil prever las repercusiones sociales de todo tipo que tendrá la crisis que estamos padeciendo, cuya duración en el tiempo es incierta.

Si bien la automatización ya estaba presente en nuestro quehacer diario, las máquinas y algoritmos están adquiriendo un protagonismo relevante, lo que nos obliga a replantearnos el empleo, las relaciones laborales y la legislación.

Se perderán empleos, pero también van a aparecer nuevas oportunidades. Realmente, no existe consenso respecto a los efectos a medio y a largo plazo de la automatización y, en general, de todas estas nuevas formas del trabajo. Históricamente, cada avance tecnológico ha supuesto la aparición de empleos especializados que generan nuevos puestos de trabajo, pero es indudable que también ocasionan la pérdida de cuantiosos empleos.

El avance se está produciendo a tal velocidad -se podría hablar de aceleración vertiginosa-, que, sin duda, implica importantes cambios en el mercado laboral. Existe preocupación por aquellos trabajadores que realicen tareas menos complejas. Mientras que, por el contrario, pueden resultar más favorecidos aquellos que tengan una mayor cualificación y nivel de estudios. Personalmente pienso que afecta a todo tipo de trabajos, quizá más a los que sean más repetitivos.

Estudiando las repercusiones que, históricamente, han tenido los avances tecnológicos, sobrevivirán aquellos que mejor se adapten a los cambios e, incluso, sean capaces de reinventarse.

Si nos centramos en la robótica, no todos los puestos de trabajo son susceptibles de automatizarse. Sin duda, lo que llaman trabajos “predecibles” (más repetitivos) tienen mayores posibilidades de automatización. Pero ocurre que también se está produciendo la sustitución por la automatización de trabajadores tradicionales en otros empleos de mayores sueldos. Ocurre especialmente entre analistas de datos y especialistas financieros: los ordenadores son insuperables recopilando y analizando información. De forma que, con los algoritmos adecuados, un solo ordenador puede suplir varios cientos de horas de trabajo de un analista. Ya en entornos como Wall Street es cada vez más común que esta labor esté en manos de estas nuevas tecnologías, que están suplantando al trabajo de una persona individual que tiene un sueldo muy elevado.

Ya se aprecian muy afectados todos los trabajadores de la banca y finanzas, donde sus empleados son más fáciles de sustituir con nuevas tecnologías que pueden realizar el mismo trabajo de forma eficiente.

Respecto al teletrabajo, según el informe citado del Foro Económico Mundial, tras analizar las consecuencias del impacto del coronavirus en el mercado de Estados Unidos, ha concluido que las repercusiones de la crisis de la COVID-19 son y serán muy importantes, pudiendo agravar las desigualdades existentes.

Sin duda, todas las modalidades del teletrabajo han resuelto parte de los problemas presentes. Según el informe, el 84 % de los empresarios están preparados para digitalizar los procesos de trabajo, y afirman que “existe la posibilidad de que el 44 % de su plantilla realice teletrabajo”. Sin embargo, el 78 % de los empresarios cree que este nuevo formato laboral generará un impacto negativo en la productividad de sus trabajadores, por lo que están tratando de diseñar un sistema viable que mantenga la efectividad de las tareas realizadas a distancia.

En todo caso, según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), la COVID-19, más allá de la inquietud para la salud de los trabajadores y de sus familias, repercutirá adversamente en el mundo del trabajo en varios aspectos fundamentales.

La institución ha publicado varias estimaciones preliminares -con un elevado grado de incertidumbre- de las que se desprende una previsión de un aumento del desempleo mundial (de media mundial un aumento de 13 millones de desempleados).

Además, es probable que los efectos adversos vengan acompañados de ajustes en los horarios de trabajo, y en materia de reducción salarial.

Se apunta que el posible repunte del trabajo irregular (en muchas crisis ha surgido como alternativa de supervivencia) se verá muy dificultado por las restricciones en materia de circulación de personas y bienes.

Las repercusiones en el plano laboral conllevan grandes pérdidas de ingresos para los trabajadores. Las epidemias y las crisis económicas pueden repercutir de forma desproporcionada en determinados grupos de población y propiciar un aumento de la desigualdad.

Pueden ser colectivos especialmente perjudicados los jóvenes, sobre todo los de nuevo empleo, que sufrirán un mayor índice de desempleo y subempleo; las mujeres que desarrollan su labor en los sectores de servicios más afectados (el 58,6 % de las mujeres trabajan en el sector terciario).

En particular, a nivel mundial, un gran segmento de las mujeres padece un menor acceso a servicios de protección social y soportan una carga laboral desproporcionada en la economía asistencial.

Otro colectivo al que señala el informe de la OIT es el de los trabajadores autónomos, los ocasionales y los que llevan a cabo una labor esporádica en plataformas digitales, especialmente susceptibles de verse afectados por el virus al no tener derecho a bajas laborales remuneradas o por enfermedad, y estar menos protegidos en el marco de los mecanismos convencionales de protección social.

“Históricamente, cada avance tecnológico ha supuesto la aparición de empleos especializados que generan nuevos puestos de trabajo, pero es indudable que también ocasionan la pérdida de cuantiosos empleos ”