Hacia dónde va España, con perdón

OPINIÓN

Carlos Díaz Marquina
Abogado Socio de Díaz Marquina Abogados
Máster en Tributación y Asesoría Fiscal por el CEF.-
Miembro de la ACEF.- UDIMA

Hacia dónde va España, con perdón

La tarde anterior a la votación de la moción de censura que condujo al relevo en la Presidencia del Gobierno, una funcionaria de una legación diplomática extranjera en España me comentaba, muy compungida, que el informe político que había preparado en las semanas previas para la nueva titular de la embajada no serviría para nada. De ello deducía que el cambio sería tan amplio como imprevisible.

Es cierto que muchos españoles reclamaban importantes cambios políticos, quizá radicales, que fueran más allá de los gestos y acometieran las reformas estructurales en lo político, lo económico y lo social que demandaba el ciudadano. Esta legislatura, que nació con la esperanza de pasar a la historia como la de los grandes pactos, va camino de ser la de los inmensos desencuentros.

Pedro Sánchez llega con la vitola del progresismo y la regeneración. La corrupción ha sido el motivo de su “declaración de guerra”, aunque su partido no está exento de ella. El mensaje positivo es que un gobierno puede caer por esa causa y que los políticos deben escuchar la voz de hartazgo del pueblo, que sufre las apreturas de la economía mientras asiste al espectáculo de los derroches generados por la corrupción, y a su costa.

Es cierto que muchos españoles reclamaban importantes cambios políticos, quizá radicales, que fueran más allá de los gestos y acometieran las reformas estructurales en lo político, lo económico y lo social que demandaba el ciudadano

El gobierno de Rajoy cifró su apuesta hacia el futuro en su buena gestión económica. Los datos macroeconómicos son buenos, y en progreso, pero muchos ciudadanos siguen sin disfrutar de la supuesta bonanza económica y sufren aún las consecuencias de la crisis en forma de pérdida de poder adquisitivo o contratos basura (entre los más jóvenes), por poner dos ejemplos. Las fórmulas del PSOE siempre se han caracterizado por un incremento del gasto público. Ojalá que Sánchez no se convierta en un alumno aventajado de Zapatero.

Si ese incremento del gasto, con el paralelo incremento de impuestos que sufrirá con especial virulencia la clase media -como es tradición, con gobiernos de diferente color político-, ayuda a sacar del ostracismo a los marginados por la etapa anterior y rescata a un sector que ha sufrido lo indecible, habrá acertado y tendrá el apoyo de un sector de la sociedad que basculó hacia otras tendencias en pasadas elecciones. También, por supuesto, el de su partido, fracturado y en permanente discusión sobre su liderazgo. Su primer test deberían ser los presupuestos para 2019, aunque siempre podrá prorrogar los heredados del PP, que tanto había criticado, y el segundo, las elecciones de mayo de 2019. En su primera entrevista en la televisión pública ya ha manifestado que intentará agotar la legislatura, en contra del deseo de un sector de los votantes y de Ciudadanos.

En general, la elección de ministros ha sido aplaudida por razonable y técnica, con alguna excepción que le ha valido su primera crisis gubernamental. Ahora falta que la sensatez que se les supone se traduzca en políticas viables. Y que esas políticas sean apoyadas por unas Cortes en que está en clara minoría y con escasos amigos. Los ciudadanos contemplan con preocupación los posibles peajes a nacionalistas y populistas por la obtención de apoyos. La posibilidad de unas elecciones anticipadas es muy real y, por tanto, la inestabilidad.

Para aquellos que se alinean más claramente hacia un partido u otro, quizá se trate de un quítate-tú-para-que me-ponga-yo, un cambio de caras y gestos pero no de acciones eficaces hacia las soluciones. Mi desconsolada amiga de la embajada solo tendría que cambiar nombres pero no situaciones. Espero darle la razón en su disgusto y que el cambio sea positivo.

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