Viaje en el tiempo al lado oscuro del ser humano

Viaje a Auschwitz

Abel González García
Doctor y Director del Departamento de Criminología por la UDIMA

Investigación

Auschwitz-Birkenau (Polonia, primavera de 1940 a enero de 1945)

Este verano, por fin, he podido hacer una visita al Museo Estatal Polaco Auschwitz-Birkenau y también hacer un viaje en el tiempo, algo que siempre he querido. Este es uno de los mayores campos de trabajo, concentración y exterminio que jamás se construyó en la historia reciente de la humanidad. Por ello, es una cita que todo criminólogo debería cumplir una vez en su vida, porque es uno de los lugares en los que podemos constatar cómo es posible que el ser humano fuera capaz de confinar a 1.100.000 hombres, mujeres, niños y niñas (aunque las cifras posiblemente fueran superiores en los años que estuvo abierto porque la mayoría de personas que llegaban al campo para su muerte inmediata en las “cámaras de gas” no se contabilizaban) para acabar con su vida, en la inmensa mayoría de los casos a través del hambre, del trabajo, y, en definitiva, de condiciones de existencia aniquiladoras. Y ya que he podido comprobar que fue posible, también he podido preguntarme por qué sucedió y si, en la actualidad, no estamos exentos de que pase nuevamente, aunque, a menor escala, sigue pasando en algunos lugares olvidados de nuestro planeta. El fin de este viaje era ese, encontrar respuestas, ni más ni menos.

Comenzaré explicando cómo surge la primera idea de visitar esta “residencia de la muerte”, como lo califica Zalmen Gradowsk. Se debe a una exposición más que recomendable sobre Auschwitz del Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid del pasado año. Esta muestra se componía de objetos reales del campo de concentración y exterminio, pero, sobre todo, tenía una parte muy reveladora de cómo se pudo llegar a esa situación y en la que se explicaba de manera muy didáctica el plan del nazismo para destruir a judíos y polacos mayormente. De ahí que a uno le quedasen ganas de sentir en el propio terreno lo que allí pasaba y si era posible hacer un viaje en el tiempo para conocer de primera mano lo que sucedió.

De esta manera, he podido planificar un viaje al lugar del horror con una doble intención, por un lado, sentir lo que pasó; y, por otro lado, conocer de primera mano por qué se pudo llegar a esa situación, y ya de paso, qué percepción existe actualmente. Como expondré más adelante el primer objetivo sí lo hemos cumplido, y el segundo, a medias.

Una de las cuestiones más interesantes es tratar de empaparse de la historia reciente de Europa, ya que aquí en España no nos tocó directamente, pero porque ya la habíamos pasado en nuestra fratricida “guerra incivil”, epílogo y prólogo de las dos guerras mundiales. Y aún hoy en día por toda Polonia se siente el pasado que se vivió en este país durante la II Guerra Mundial, un preludio de todo ello fue la sensación vivida el 1 de agosto a las 17 horas, en la que se paralizan todas las ciudades de Polonia (con ruido de alarmas antiaéreas) y en la que se conmemora el levantamiento de Varsovia contra la invasión nazi en 1944 (momento en el que 25.000 soldados del ejército clandestino polaco se levantaron en armas y fueron apoyados por varios miles de residentes, pero sin éxito, en Varsovia). Como decía, esta sensación es muy extraña, pero muy emotiva, porque cuando he dicho que se paraliza la ciudad es porque la circulación se para, incluidas bicicletas y patinetes eléctricos, y las personas se bajan de sus vehículos y firmes guardan un minuto de silencio. Todo ello nos predispone para la visita al campo de Auschwitz-Birkenau.

Tras un pequeño viaje en coche (alquilado y no sin riesgo por la conducción que se practica en Polonia) llegamos a las inmediaciones de la ciudad de Osvienčim y allí nos damos cuenta de la inmensidad de lo que vamos a ver. La entrada principal es la del campo de Auschwitz y alejado unos 3 kilómetros está el campo de Auschwitz II-Birkenau, mucho más grande y con entrada libre. Aunque al segundo se pueda ir sin necesidad de visitar el primero, lo ideal será ir al campo de Auschwitz I, en el que nos recibe la Arbeit macht frei (o el trabajo libera) en la parte superior del acceso, como curiosidad indicar que el letrero que hay actualmente no es el original, porque el auténtico fue robado hace unos años.

Lo primero que aprendemos allí es que es un lugar de homenaje a las víctimas, a pesar de respirar (y de manera muy vívida) un ambiente de muerte, porque no debemos olvidar que han pasado escasamente 90 años de aquella barbarie y el ser humano de entonces no difiere en nada del de ahora (bueno, difiere en la tecnología y en la hiperconectividad, pero esa es otra cuestión de cómo hubiéramos sido por aquel entonces con la tecnología de hoy). Y bajo esta premisa, y como criminólogo, también me preguntaba cómo era posible que personas “normales” fueran capaces de vivir allí y desarrollar sus funciones, porque no olvidemos que también hay imágenes de militares nazis allí destinados organizando fiestas o bañándose con su familia en piscinas que existían anexas al campo principal. Y por eso decía que en esta visita no se llega a responder a esta pregunta, pero que sí ha sido respondida en diferentes obras posteriores, quizás la más importante es la de Zygmunt Bauman Modernidad y Holocausto y su capítulo “La ética de la obediencia" (lectura de Milgram), aunque esto nos daría para un nuevo artículo (que no está descartado en un futuro en esta misma revista).

Otra de las partes que más impresiona es aquella en la que se muestran las fotografías realizadas de manera clandestina por personas de los sommerkommando, encargados del trabajo más duro, como era el de retirar los cuerpos de las cámaras e incinerarlos. También nos lleva a ese viaje en el tiempo el imaginarnos el día a día de estas personas que luchaban por sobrevivir en condiciones inhumanas, en contacto continuo con la muerte y destrucción.

Aquí, una vez acabada la visita a Auschwitz I, se pasa a Auschwitz II-Birkenau, lugar de dimensiones gigantescas y en el que se construyeron dos enormes cámaras de gas y donde se encuentra otra de las imágenes más conocidas, la entrada y las vías del tren. En este lugar, el paseo que se realiza es el que hacían miles de personas hacia la muerte, como nos explicaba el guía, sin que ellas lo supieran. Una vez apeados del tren, caminaban sin pertenencias hacia “las duchas” y allí terminaba su viaje…

Y, por último, en cuanto a la percepción actual, cabe destacar un comentario que nos hizo el guía en el que nos contaba que una persona que estaba visitando el campo había reconocido en una fotografía a su abuelo, uno de los responsables nazis de la selección inicial de personas que iban a trabajar o a las cámaras de gas, cuestión que siempre se había ocultado en su casa. Esta es una fotografía icónica, en la que se puede ver los trenes en Birkenau, varios nazis haciendo una selección de personas y al fondo todas sus pertenencias.

Como colofón decir que creo que es un viaje imprescindible para acercarse a la naturaleza del mal humano y comprender cómo todos nosotros podemos ser capaces de perpetrar los mayores crímenes, simplemente por estar en el lugar adecuado, en el momento preciso.   

Museo Estatal Polaco Auschwitz-Birkenau