Algunas consideraciones acerca de los tipos de interés negativos

Préstamo hipotecario

Ángel Díaz Redondo
Economista.
Perito Judicial

Economía

Desde el año 2008 los tipos de interés oficiales han venido descendiendo continuadamente. Esta política implementada por el Banco Central Europeo (BCE) vino apoyada en dos pilares diferentes: en un primer momento reducir los efectos perversos de la crisis financiera internacional, que en nuestro país se agravó por la vinculación excesiva del sector financiero al sector inmobiliario y por lo tanto contribuir a un menor endeudamiento y morosidad global. En una segunda fase, la política de reducción de tipos continuó hasta situarse en el 0 % en 2016, valor que actualmente mantienen, viniendo en este caso justificada por el intento de apoyar a la demanda interna para estimular la economía y evitar así una fase de desaceleración (el euríbor 12 meses, indicador comúnmente utilizado en la referencia de préstamos hipotecarios, cotiza en negativo desde febrero de 2016).

Adicionalmente a esta política de tipos, el BCE implementó medidas de inyección de liquidez en el sistema, así como empezó en 2014 a cobrarle a los bancos comerciales por sus depósitos en el BCE (la denominada facilidad de depósito actualmente está en el -0,50 %).

Todo lo anterior ha conllevado a que exista una situación atípica desde el punto de vista económico cuyo resultado final, en este momento, es obviamente incierto, pero sí podemos hacer algunas reflexiones, algunas de las cuales ya se han demostrado ciertas:

  • La función básica de los tipos de interés en una economía es doble: por un lado, debe compensar al ahorrador que renuncia a disponer de un determinado capital o consumo en el momento actual y, por otra parte, debe facilitar la obtención de crédito al deudor para generar la posibilidad de implementar nuevo consumo o nuevos proyectos empresariales. Si los tipos de interés están al 0 %, la primera función, es decir, los ahorradores, no van a recibir nada por sus depósitos en los bancos comerciales, por lo tanto, esta política apuesta todo a que el dinero fluya en la economía a través de un mayor consumo y una mayor inversión.
  • Esta transferencia de riqueza desde los ahorradores a los sectores productivos y a los clientes ya endeudados tiene un riesgo implícito y es que los consumidores no quieran consumir más, que los endeudados no quieran endeudarse más o que finalmente los inversores no quieran invertir más.
  • Un endeudamiento excesivo puede suponer una quiebra futura en el caso de que los tipos de interés suban, y todavía son muy recientes los efectos perversos de la crisis financiera tanto en familias como en empresas.
  • Por mucho dinero que haya disponible en el sistema bancario, si el empresario no ve oportunidades reales y atractivas de inversión, no va a disponer de él, y esto tiene mucho más que ver con las condiciones sociales, políticas y económicas que cada país ofrece al empresariado y no tanto con el nivel de tipos.
  • En ausencia de rentabilidad en los depósitos bancarios y de proyectos claros de inversión, el dinero termina yendo a sectores refugio, como lo es en nuestro país el sector inmobiliario, lo que provoca incrementos de precios de la vivienda tanto en la compra como en el alquiler, lo que la vuelve menos accesible para los ciudadanos generando un problema social. Esto es especialmente preocupante en las grandes ciudades de nuestro país.
  • La bajada del tipo de interés oficial debería traducirse en un menor coste del nuevo crédito. Sin embargo, esto no es así de forma directa ya que las entidades tratan de recuperar esta pérdida en el margen de intermediación con un incremento de comisiones.
  • De igual forma y por otro lado, esta política de reducción de tipos puede entrar en contradicción con las mayores exigencias de capital que se requiere en los últimos años a la banca, de tal manera que está ocurriendo que las entidades financieras prefieren tener esta importante liquidez en sus reservas (aunque ello suponga pagar al BCE) para cumplir dichos requerimientos de capital antes que trasladarlo a su clientela y asumir ciertos niveles de morosidad por dicho capital.
  • Precisamente esta mayor tensión en los beneficios de los bancos puede acabar suponiendo que sean mucho más restrictivos a la hora de conceder créditos.
  • Algunos estudios realizados sobre países con tipos de interés oficiales negativos (actualmente Japón, Suiza y Suecia) revelan que algunos de sus beneficios no se trasladan al mercado ya que se produce una desconexión entre la política de tipos y el interés de los préstamos especialmente una vez que la política de tipos cae por debajo de cero. Esta desconexión viene motivada porque resulta muy complejo que los bancos comerciales pongan tipos negativos a sus depositantes ya que el riesgo de perder esta fuente de financiación sería elevado y muy perjudicial para el propio sistema financiero (volveríamos a un escenario de que guardar el dinero en el colchón es más rentable que depositarlo en el banco).
  • Finalmente, esta política puede generar que los Estados sean más ineficientes en su gestión ya que tienen mayor propensión a la refinanciación constante de la deuda haciendo más laxa la política del gasto presupuestario derivado del ahorro que se produce precisamente como consecuencia de la refinanciación de la deuda.

En definitiva, la política monetaria del BCE tiene unos objetivos que son muy racionales y lógicos. Sin embargo, deben de ir acompañados con otras políticas nacionales fuera del alcance del BCE para que en su conjunto tenga el resultado esperado. Aspectos tales como la evolución de la demografía, el fomento de la tecnología, la racionalización del sector público, el control de precios de los activos inmobiliarios, la modernización del sistema fiscal… son aspectos básicos que los gobiernos nacionales deben afrontar sin dilación, siempre en pro de los intereses de los ciudadanos del país.  

“Puedes llevar un caballo al bebedero, pero no puedes obligarlo a beber ” (Anónimo)