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Visita guiada al Real Observatorio

Real Observatorio

Visita guiada al Real Observatorio, que fue fundado por iniciativa de Carlos III a sugerencia de Jorge Juan, si bien su decreto de constitución data de 1790, reinando ya Carlos IV. El edificio principal fue diseñado por Juan de Villanueva. En la actualidad, alberga las sedes del Observatorio Astronómico Nacional y Observatorio Geofísico Central.

Aprendiendo a mirar

Doctor Roa y Xaris, el nuevo "alumno" de la UDIMA

Luis Miguel Belda García. Xaris. Así se llama este nuevo "alumno" de la UDIMA. Aunque es un recién matriculado algo especial, en lo que tiene de especial la misión que emprenderá en breve y durante toda su vida. Tiene cuatro patas, cola, mucho pelo, es cariñoso y obediente, y aprobó todas las asignaturas incluso antes de ponerse a estudiar. Porque Xaris juega con ventaja con respecto al resto de matriculados en esta universidad, y es que a listo no le gana nadie, o pocos.

Yo, Fernando

Fernando Fernán-Gómez

Javier de la Nava. Nací en Lima, pero me sacaron de Perú casi de contrabando. Días después, el 28 de agosto de 1921, fui inscrito en el Consulado español en Buenos Aires. Mi abuela con sesenta años se desplazó a la ciudad del Plata para hacerse cargo del regalo que la Providencia le hizo a mi madre a sus dieciocho años. Al poco tiempo mis progenitores rompieron relaciones y mi madre dejó la compañía de Doña María Guerrero (mi abuela paterna). Según mi madre porque él prefirió casarse con otra; según mi abuela mi padre no aguantaba a mi madre “Carola, quiero mucho a su hija, pero es muy bestia” le había dicho. De mi padre apenas supe. Buen actor, murió en un naufragio años después.

Yo, José

José María Sacristán Turiégano

Javier de la Nava. Me llamo José María Sacristán Turiégano, nací en Chinchón (Madrid) el 27 de septiembre de 1937. Mi pueblo era pura Edad Media entonces, aunque siempre había una patata que llevarte a la boca. Con más de ocho decenios a mis espaldas, me esfuerzo por mantener al crío que hasta los seis años no conoció a su padre cuando fui a visitarle con “la Nati”, mi madre, a un campo de concentración en Toledo. Aquel señor con barba no dejaba de besarme. Más que emoción sentí extrañeza. “El Venancio” era un campesino idealista y luchador, vencido y humillado en la guerra recién terminada, pero nunca en lo moral, siempre estuvo en su sitio. Desterrado de su pueblo, al salir de la cárcel nos trasladamos a Madrid mis padres, mi hermana y yo. En el piso de Diego de León convivíamos tres familias. En nuestra habitación dormíamos cinco personas, pues mi abuela estaba con nosotros. Mi padre siempre fue mi referencia moral. No he dejado de admirarle, quería que aprendiera un oficio y me matriculó en la Institución Sindical de Formación Profesional Virgen de la Paloma. Cultura general y forja, pero yo soñaba con ser “Tirone pover y salir en alguna colección de cromos sobre artistas. Hasta los años setenta no lo conseguí. Qué inmensa alegría me dio “ser un cromo”.

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